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La polinización de insectos silvestres en frutales

AICA
Autor
Arturo Rubio-Torres
Fecha del artículo
April 28, 2026
La polinización de insectos silvestres en frutales | AICA
Dr. Juan Luis Celis-Diez

Dr. Juan Luis Celis-Diez <===> Fotografía: IEB

Mejorar la polinización de insectos silvestres

Sostenibilidad y biodiversidad en agroecosistemas mediterráneos

Estudio en Chile revela que conservar hábitats naturales optimiza la polinización de insectos silvestres, aumentando el peso y calidad en pomáceas y carozos. Esta investigación, publicada en la prestigiosa revista científica Agriculture, Ecosystems & Environment, analiza cómo los remanentes de vegetación nativa en la zona central de Chile actúan como motores de productividad para los cultivos de exportación. A través de un estudio riguroso en 36 huertos comerciales de las regiones de O'Higgins y el Maule, se determinó que la presencia de polinizadores no gestionados, como dípteros y coleópteros nativos, es fundamental para alcanzar los estándares de calidad exigidos por el mercado global. La metodología empleada permitió identificar umbrales críticos de conservación necesarios para evitar mermas económicas, subrayando que la integración de la naturaleza en el paisaje agrícola no es una opción estética, sino una necesidad técnica para la seguridad alimentaria y la estabilidad de los rendimientos en el tiempo.

Investigaciones recientes han determinado que la presencia de áreas con vegetación nativa circundante a los huertos comerciales de manzanos y cerezos incrementa significativamente la eficiencia de la polinización de insectos silvestres. El estudio analizó cómo la configuración del paisaje y la distancia desde los bordes del huerto afectan la riqueza de especies y las tasas de visita floral de los polinizadores no gestionados. Los resultados indican que los remanentes de bosque esclerófilo actúan como reservorios críticos de biodiversidad, permitiendo que especies como dípteros y coleópteros se desplacen hacia los cultivos. En huertos con mayor proporción de hábitat natural, se observó un aumento en el cuajado de frutos y una mejora en parámetros de calidad, como el peso y el contenido de azúcar. Esta evidencia subraya la dependencia de la agricultura mediterránea de los servicios ecosistémicos proporcionados por la fauna local, desafiando la primacía de la abeja melífera como único agente polinizador en estos sistemas productivos.

La investigación fue liderada por la Dra. Camila Beatriz García García, investigadora del Centro Ceres y de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, en colaboración con un equipo multidisciplinario de expertos internacionales. El grupo de autores incluye a académicos de instituciones como la Universidad de Reading y el Instituto de Ecología y Biodiversidad, quienes aportaron una perspectiva global al análisis de los agroecosistemas del sur. Además de los científicos, el estudio destaca el rol protagónico de los polinizadores silvestres, específicamente las moscas y los escarabajos de la familia Melyridae, conocidos localmente como el pololo chileno. Estos insectos nativos, tradicionalmente subestimados en comparación con las abejas melíferas, demostraron ser visitantes activos y altamente eficaces en el transporte de polen debido a las vellosidades de su cuerpo. Los agricultores y propietarios de los 36 huertos comerciales seleccionados también jugaron un papel fundamental al permitir el monitoreo y la aplicación de diversos tratamientos de polinización en sus predios.

El trabajo de campo se desarrolló íntegramente en la zona central de Chile, específicamente en las regiones administrativas de O’Higgins y el Maule, situadas entre las latitudes 34° y 36°S. Esta área geográfica se caracteriza por un clima mediterráneo y es reconocida internacionalmente como un hotspot de biodiversidad, albergando una gran cantidad de especies endémicas de flora y fauna. Sin embargo, el paisaje ha experimentado una intensa transformación debido a la expansión de la agricultura convencional, lo que ha fragmentado los ecosistemas naturales originales, como el bosque esclerófilo y el matorral nativo. Los sitios de estudio comprendieron 18 huertos de manzanos (Malus domestica) y 18 de cerezos dulces (Prunus avium), clasificados según el porcentaje de hábitat natural en un radio de un kilómetro a la redonda. Este entorno fragmentado proporcionó el escenario ideal para evaluar cómo la proximidad de parches de vegetación silvestre influye directamente en la productividad de los predios agrícolas inmersos en una matriz dominada por cultivos intensivos.

Aunque los hallazgos fueron divulgados ampliamente en febrero de 2026 a través de plataformas institucionales, el artículo científico original fue aceptado para su publicación el 5 de enero de 2026 en la revista especializada Agriculture, Ecosystems & Environment. El proceso de investigación se extendió durante varios ciclos productivos, comenzando formalmente con la recepción del manuscrito en mayo de 2025, tras meses de recolección de datos empíricos en los huertos de la zona central. Este periodo de estudio permitió capturar la variabilidad estacional y la dinámica de las poblaciones de insectos durante las etapas críticas de floración de las pomáceas y los carozos. La publicación final del volumen 400 de la revista está fechada para el 15 de abril de 2026, consolidando los datos recolectados sobre la interacción entre el paisaje y los servicios de polinización en un marco temporal de alta relevancia para la planificación agrícola sostenible. La vigencia de estos datos permite a los productores actuales implementar cambios estratégicos basados en evidencia científica reciente y validada por pares internacionales.

La relevancia de este estudio radica en que aborda la crisis global de disminución de polinizadores, la cual amenaza la seguridad alimentaria y la estabilidad de los ecosistemas. En un contexto donde la agricultura convencional ha reemplazado sistemáticamente los hábitats naturales, comprender cómo recuperar la funcionalidad de estos servicios es vital para la resiliencia productiva. La investigación demuestra que la polinización de insectos silvestres no solo complementa el trabajo de las abejas melíferas, sino que a menudo es más efectiva para mejorar la calidad del fruto, incrementando parámetros como el peso y el dulzor. Además, el estudio identifica umbrales de hábitat necesarios para mantener la productividad: un 35 % de vegetación natural para cerezos y un 71 % para evitar déficit de peso en manzanas. Estos descubrimientos ofrecen una hoja de ruta científica para transitar hacia una intensificación ecológica, donde la conservación de la biodiversidad se integra como un factor de producción indispensable y económicamente rentable para los agricultores del clima mediterráneo.

Los objetivos principales de esta investigación se centran en proporcionar herramientas de gestión basadas en el paisaje para mitigar los déficits de polinización en frutales de exportación. El estudio busca concienciar a los productores sobre la necesidad de conservar y restaurar los remanentes de vegetación nativa como una estrategia de inversión a largo plazo. Al cuantificar el impacto positivo de la biodiversidad en el peso y calidad de la fruta, los datos sirven para justificar políticas de manejo territorial que promuevan la sostenibilidad. Asimismo, el trabajo pretende guiar la implementación de infraestructuras verdes dentro de los huertos, como bandas florales o islas de vegetación nativa, que permitan extender el beneficio de los polinizadores hacia el interior de las plantaciones. En última instancia, la finalidad es asegurar una producción de manzanas y cerezas más estable en el tiempo, reduciendo la vulnerabilidad de los cultivos frente a la pérdida de biodiversidad y el cambio climático, garantizando así la competitividad del sector frutícola chileno en mercados internacionales exigentes.

Para llegar a estas conclusiones, se empleó un riguroso diseño experimental que comparó la riqueza y visitas de insectos en 36 huertos comerciales con distintos niveles de entorno natural. El equipo de investigadores aplicó tres tratamientos de polinización: suplementaria, abierta y de exclusión, tanto en los bordes de los huertos como en su interior. Se registraron un total de 290 eventos de visitas florales y se identificaron 17 especies de polinizadores silvestres, analizando variables como el cuajado de frutos, el tamaño y el contenido de azúcar. Los análisis estadísticos permitieron observar el fenómeno del 'efecto borde', confirmando que la actividad de los insectos nativos disminuye drásticamente a medida que se aumenta la distancia desde el límite de la vegetación natural, siendo el punto de inflexión los 70 metros. Este enfoque metodológico permitió separar el efecto de la abeja melífera del impacto real de los polinizadores silvestres, evidenciando que estos últimos son fundamentales para evitar los déficits de peso en la fruta cuando el paisaje circundante posee una cobertura de hábitat natural suficiente.

La Dra. Camila García destaca que los resultados superaron las expectativas iniciales, especialmente respecto a la eficacia de ciertos grupos taxonómicos locales. "Lo que realmente nos sorprendió fue el rol de los escarabajos (coleópteros), especialmente los de la familia Melyridae, conocido popularmente como el pololo chileno". La investigadora enfatiza que estos insectos poseen adaptaciones morfológicas, como vellosidades corporales, que les permiten transportar polen de manera muy activa entre las flores. Además, los expertos coinciden en que la vegetación natural no solo provee polinizadores, sino que también estabiliza el microclima de los huertos. "Estas áreas generan microclimas que mantienen la humedad y la temperatura más estables, lo que también influye positivamente en la calidad de la fruta". En sus conclusiones, los autores subrayan que la conservación del bosque esclerófilo es una pieza clave para la agricultura moderna, sugiriendo que la diversidad de flores nativas es esencial para proveer alimento a los polinizadores durante todo el año, asegurando su permanencia y efectividad en los agroecosistemas.

Tras la publicación de estos hallazgos, el desafío principal es la transferencia tecnológica y la adopción de prácticas de manejo sostenible por parte de los agricultores chilenos. Se recomienda iniciar la transición hacia huertos con una estructura más heterogénea, incorporando especies como el Quillay y otros arbustos nativos del bosque esclerófilo para formar setos y corredores biológicos. Estas intervenciones deben diseñarse considerando que la presencia de polinizadores decae a partir de los 70 metros, por lo que las 'islas de vegetación' deben situarse estratégicamente para cubrir el interior de los predios. A nivel académico, la investigación abre nuevas interrogantes sobre la interacción específica entre la diversidad funcional de los insectos y la calidad nutricional de los frutos en climas mediterráneos del hemisferio sur. Es necesario continuar monitoreando cómo el cambio climático y la presión hídrica podrían alterar estas interacciones bióticas en el futuro. Por último, se espera que estos datos informen políticas públicas de conservación ambiental que valoren económicamente los servicios ecosistémicos proporcionados por la fauna nativa en las zonas productivas.

El estudio confirma que la polinización de insectos silvestres es un pilar fundamental para la productividad y calidad en los huertos de manzanos y cerezos de la zona central de Chile. La conservación de al menos un 35 % de hábitat natural en el paisaje circundante se presenta como un requisito mínimo para asegurar la presencia de polinizadores nativos, mientras que una mayor cobertura protege contra déficits de peso en la fruta. La integración de la biodiversidad local, como los escarabajos Melyridae y diversos dípteros, no es solo una medida de conservación ecológica, sino una estrategia competitiva para la industria frutícola. En un mundo que demanda procesos productivos más limpios y sostenibles, la evidencia científica proporcionada por el Centro Ceres y la PUCV demuestra que el equilibrio entre los agroecosistemas y el bosque nativo es la clave para la rentabilidad a largo plazo. La mirada hacia el futuro debe contemplar al huerto no como un sistema aislado, sino como parte de un paisaje vivo donde los servicios de la naturaleza son el motor de la calidad alimentaria.

Equipo Investigadores

  • Camila B. García

    • Escuela de Agronomía, Facultad de Ciencias Agronómicas y de los Alimentos, Pontificia Universidad Católica de Valparaíso
  • Keira Dymond

    • Centro Regional de Investigación e Innovación para la Sostenibilidad de la Agricultura y los Territorios Rurales, Ceres
  • Manuel López-Aliste

    • Instituto de Biología, Facultad de Ciencias, Pontificia Universidad Católica de Valparaíso
  • Pablo Díaz-Siefer

    • Centro Regional de Investigación e Innovación para la Sostenibilidad de la Agricultura y los Territorios Rurales, Ceres
  • Francisco Enrique Fontúrbel

    • Instituto de Biología, Facultad de Ciencias, Pontificia Universidad Católica de Valparaíso
    • Millennium Nucleus of Patagonian Limit of Life (LiLi)
    • Parasitic Plants Research Group, Universidade Estadual do Sudoeste da Bahia
  • Michael P.D. Garratt

    • Centre for Agri-Environmental Research, School of Agriculture, Policy and Development, University of Reading
  • Juan Luis Celis-Diez

    • Escuela de Agronomía, Facultad de Ciencias Agronómicas y de los Alimentos, Pontificia Universidad Católica de Valparaíso
    • Centro Regional de Investigación e Innovación para la Sostenibilidad de la Agricultura y los Territorios Rurales, Ceres
    • Instituto de Ecología y Biodiversidad

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