
Dr. Enrique Alfonso Rodríguez Serrano <===> Fotografía: UdeC
Factores clave en la distribución de la güiña
Análisis de la UdeC en Conservation Biology sobre el impacto de las interacciones bióticas y el clima en el hábitat de Leopardus guigna
La distribución de la güiña (Leopardus guigna) en el Cono Sur depende fundamentalmente de la disponibilidad de presas y el régimen de precipitaciones, factores que influyen de manera más determinante que la actividad humana directa en la configuración de su hábitat. Según una investigación de la Universidad de Concepción publicada en la revista peer-reviewed Conservation Biology, este felino —el más pequeño de Sudamérica— exhibe una resiliencia climática superior a las proyecciones realizadas hace una década, manteniendo una variación en su distribución relativamente baja frente al cambio climático. El estudio empleó un innovador formato híbrido de Modelos de Distribución de Especies (MDE) que integra variables climáticas, antrópicas y, por primera vez para un carnívoro en la región, interacciones bióticas mediante un proxy de riqueza de presas. Estos hallazgos demuestran que la güiña puede persistir en entornos fragmentados o zonas periurbanas siempre que existan refugios vegetales y alimento suficiente, permitiendo redirigir los esfuerzos de conservación hacia amenazas como los incendios forestalesy la competencia con carnívoros domésticos
Una investigación liderada por la Universidad de Concepción ha redefinido los modelos de distribución de la güiña (Leopardus guigna), el felino más pequeño de Sudamérica, al determinar que su presencia depende fundamentalmente de la disponibilidad de presas y las precipitaciones. A diferencia de estimaciones previas que proyectaban una pérdida del 40 % de su hábitat para el año 2050 debido al cambio climático y alteraciones del suelo, este nuevo estudio sugiere que la variación en su distribución es baja. Los investigadores establecieron que, mientras existan refugios vegetales y alimento suficiente, el animal puede persistir incluso en entornos fragmentados o zonas periurbanas. Este hallazgo es crucial porque demuestra que la güiña posee una notable capacidad de adaptación frente a la huella humana, siempre que las interacciones bióticas se mantengan estables. El estudio resalta que la idoneidad del hábitat no se ve tan afectada por la actividad humana directa como se pensaba anteriormente.
La investigación fue encabezada por Francisca Zamora Cornejo, estudiante del Doctorado en Sistemática y Biodiversidad de la Facultad de Ciencias Naturales y Oceanográficas de la Universidad de Concepción. En este esfuerzo científico también participó el Dr. Enrique Rodríguez Serrano, académico del Departamento de Zoología de la misma institución, quien ha guiado la formación de Zamora desde el pregrado hasta el doctorado. Además, el equipo contó con la colaboración de Mg. Gabriela Paz Gómez González, encargada de las capturas en terreno en la zona de Aysén, y de otros especialistas integrados en el equipo de autores. Este trabajo multidisciplinario refleja un fuerte énfasis naturalista característico de la formación en Biología de la UdeC, buscando comprender aspectos ecológicos profundos para la conservación del patrimonio natural. La participación de estas entidades académicas subraya la autoridad científica del estudio en el ámbito de la conservación de carnívoros neotropicales.
El área de estudio abarca el rango de distribución histórica de la güiña, extendiéndose por Chile y Argentina, específicamente entre las regiones de Coquimbo y Aysén. La investigación identificó dos zonas de idoneidad de hábitat principales para este félido endémico. La primera zona se ubica en el norte, desde el ecosistema del matorral chileno hasta el límite entre las regiones del Biobío y la Araucanía, pasando por la Cordillera de Nahuelbuta. La segunda zona comienza al sur de la Araucanía y comprende el Bosque Valdiviano en las regiones de Los Ríos y Los Lagos, la Isla de Chiloé y sectores adyacentes en el territorio argentino. Asimismo, se han registrado avistamientos significativos en zonas periurbanas de la región del Biobío, como el cerro Caracol de Concepción y el Campus Naturaleza UdeC, donde cámaras trampa captaron a una hembra con sus crías en el año 2024.
Los resultados de esta investigación fueron difundidos recientemente a través de la revista especializada Conservation Biology, marcando un hito contemporáneo en los estudios sobre felinos neotropicales. La noticia institucional sobre el estudio fue publicada el 30 de septiembre de 2025 por la Universidad de Concepción, integrándose en un contexto de divulgación científica activa. El avistamiento de crías de güiña mencionado en el estudio ocurrió específicamente en 2024, proporcionando evidencia empírica reciente sobre la reproducción y persistencia de la especie en áreas protegidas universitarias. Cabe destacar que las proyecciones climáticas anteriores, que preveían escenarios pesimistas para mediados de siglo, fueron realizadas hace aproximadamente una década, coincidiendo con la inclusión de la güiña en la categoría de vulnerable de la Lista Roja de la IUCN. Este cronograma de investigación permite contrastar las estimaciones teóricas previas con modelos más cercanos a la realidad actual y futura del félido en su hábitat natural.
Este estudio es fundamental porque desafía las proyecciones de pérdida de hábitat del 40 % realizadas hace diez años, ofreciendo una visión menos pesimista pero más precisa sobre el futuro de Leopardus guigna. La investigación demuestra que la disponibilidad de alimentos y las interacciones bióticas, como la interacción depredador-presa, son factores más gravitantes que la actividad humana directa para explicar la distribución del felino. Al ser la güiña una cazadora notable y móvil, su capacidad para dispersarse en busca de presas le otorga una resiliencia inesperada frente a cambios moderados en las precipitaciones y la temperatura. La relevancia indirecta de las lluvias se manifiesta a través de los ciclos de vida de roedores y marsupiales que componen su dieta, lo que obliga a considerar variables bióticas en cualquier modelo de conservación. En consecuencia, el estudio valida la posibilidad de coexistencia entre la fauna nativa y las áreas modificadas por el hombre, siempre que existan refugios.
El propósito central de estos nuevos escenarios es redireccionar los esfuerzos de investigación hacia amenazas que anteriormente pasaban desapercibidas o eran subestimadas frente al cambio climático. Al comprobar que la distribución de la especie se mantiene relativamente estable ante variaciones ambientales, la atención científica debe enfocarse en factores críticos como la competencia con carnívoros domésticos (perros y gatos) y los incendios forestales. También es vital abordar problemas directos como los atropellos y la caza en represalia por ataques a animales de corral. Los resultados sirven de base para proponer el fortalecimiento de las áreas protegidas existentes y la implementación estratégica de corredores biológicos que faciliten el movimiento del felino. Además, se busca promover programas de educación ambiental que fomenten una convivencia armoniosa entre las comunidades humanas y este pequeño depredador, asegurando su rol ecológico en los ecosistemas de Chile y Argentina para las próximas décadas.
Para llegar a estas conclusiones, el equipo de la Universidad de Concepción desarrolló Modelos de Distribución de Especies (MDE) utilizando un innovador formato híbrido. Este enfoque combinó variables climáticas tradicionales, datos de origen antrópico como la huella humana y, de manera inédita para carnívoros en la zona, variables bióticas centradas en la interacción depredador-presa. Se utilizó información de presencia de la güiña proveniente del Sistema Global de Información sobre Biodiversidad (GBIF), literatura científica previa y capturas directas realizadas en el terreno. En el análisis se incluyeron diez de las especies de presas más relevantes en la dieta del animal, tales como pequeños roedores, conejos y marsupiales, estableciendo un indicador de riqueza de especies para alimentar los modelos. Se realizaron cruces de información que dieron origen a seis modelos diferentes, siendo el más exitoso aquel que integró todas las variables mencionadas, permitiendo predecir el hábitat actual con mayor cercanía a la realidad observada.
La Dra(c) Francisca Zamora Cornejo sostiene que, aunque los humanos somos un elemento constante en el paisaje, la güiña puede persistir mientras disponga de comida y refugio, afirmando que “las interacciones bióticas son fundamentales”. Por su parte, el Dr. Enrique Rodríguez Serrano destaca la naturaleza sorprendente del felino, cuya capacidad de convivencia con cambios marcados depende de su rol como cazadora notable. Rodríguez enfatiza que “la naturaleza nos sorprende y nos muestra cómo esta especie puede convivir con cambios marcados si tiene donde y sobre quienes ejercer su rol de cazadora”. Ambos investigadores coinciden en que, a pesar de los resultados más alentadores respecto al hábitat, el estatus de la especie no debe cambiar de su categoría de vulnerable en la lista de la IUCN. Zamora señala la importancia de llevar el conocimiento sobre la dieta del félido a un lenguaje espacial para mejorar la capacidad predictiva de los modelos futuros frente a la intervención humana y climática.
Tras la publicación de estos hallazgos, el camino a seguir implica una gestión más integral de los territorios donde habita la güiña, priorizando la creación de corredores biológicos que conecten fragmentos de bosque. Es necesario implementar medidas de mitigación para reducir los atropellos en carreteras y establecer protocolos para evitar la caza en represalia en zonas rurales. El estudio subraya la urgencia de fortalecer la educación ambiental en las comunidades locales para mejorar la coexistencia con la fauna nativa y mitigar la competencia con mascotas domésticas. A nivel académico, la meta es continuar desarrollando modelos híbridos que incorporen cada vez más interacciones bióticas, permitiendo una comprensión profunda de cómo el patrimonio natural responde a entornos altamente modificados. El éxito observado en el Campus Naturaleza UdeC sirve como modelo de cómo las áreas protegidas universitarias pueden contribuir activamente a la conservación y estudio a largo plazo de especies vulnerables en peligro por la urbanización.
¿Qué nos enseña este estudio? En conclusión, la investigación de la Universidad de Concepción proporciona una perspectiva renovada sobre la distribución de la güiña (Leopardus guigna) frente al cambio climático y la expansión humana. La lección principal es que la conservación de un depredador no puede entenderse sin considerar la salud y disponibilidad de sus presas, las cuales actúan como el verdadero motor de su viabilidad territorial. Aunque la idoneidad de hábitat actual en el valle central de Chile ha disminuido debido a la urbanización y el cambio de uso de suelo, el felino demuestra una flexibilidad notable para habitar zonas periurbanas si se mantiene la cobertura vegetal mínima. Este estudio no solo aporta datos técnicos valiosos para la comunidad científica, sino que también refuerza la importancia de preservar la biodiversidad de manera sistémica. Al final, la supervivencia de la güiña simboliza la capacidad de la naturaleza para adaptarse a un mundo antropizado, siempre que respetemos las bases biológicas esenciales de su existencia.
Equipo Investigadores
Francisca Zamora-Cornejo
- Laboratorio de Mastozoología, Departamento de Zoología, Facultad de Ciencias Naturales y Oceoanográficas, Universidad de Concepción.
Daniela Lazo-Cancino
- Laboratorio de Mastozoología, Departamento de Zoología, Facultad de Ciencias Naturales y Oceoanográficas, Universidad de Concepción.
Reinaldo Rivera
- Instituto Milenio de Oceonografía (IMO-Chile), Universidad de Concepción.
Selim S. Musleh
- Núcleo Milenio INVASAL
- Genomic in Ecology, Evolution & Conservation Laboratory (GEECLAB), Departamento de Zoología, Facultad de Ciencias Naturales y Oceoanográficas, Universidad de Concepción.
- Departamento de Evaluación de Recursos, Instituto de Fomento Pesquero (INFOP).
Gabriela Paz Gómez González
- Departamento de äreas Silvestre Protegidas, Corporación Nacional Forestal.
Cristián E. Hernández
- Laboratorio de Ecología Evolotiva y Filoinfórmatica, Departamento de Zoología, Facultad de Ciencias Naturales y Oceoanográficas, Universidad de Concepción.
Enrique Rodríguez-Serrano
- Laboratorio de Mastozoología, Departamento de Zoología, Facultad de Ciencias Naturales y Oceoanográficas, Universidad de Concepción.
