
Dr. Javier Andrés Campanini Salinas <===> Fotografía: USS
Un análisis sobre la zona gris regulatoria del fentanilo, el LSD y las benzodiacepinas
Investigadores proponen fortalecer la vigilancia científica y bioética ante la vulnerabilidad de los tratados internacionales y el avance de la inteligencia artificial en la síntesis de compuestos neurotóxicos
La investigación científica ha revelado una alarmante convergencia entre las nuevas sustancias psicoactivas (NSP) y las armas químicas convencionales, advirtiendo sobre una brecha regulatoria que compromete la seguridad global. Este estudio interdisciplinario subraya que compuestos altamente potentes como el fentanilo, el carfentanilo y las lysergamidas poseen perfiles toxicológicos que permiten su desvío hacia fines bélicos bajo la categoría de agentes incapacitantes. Al analizar la farmacología y geopolítica actuales, los investigadores identifican que la facilidad de síntesis y la manipulación estructural de estas sustancias facilitan la evasión de los protocolos establecidos por la Convención sobre Armas Químicas. El hallazgo principal enfatiza la urgencia de transitar hacia legislaciones genéricas capaces de anticipar la aparición de análogos sintéticos, evitando que el desarrollo tecnológico sea explotado para crear arsenales químicos de nueva generación que desafíen los guerra vigentes.
Un equipo interdisciplinario de científicos chilenos ha documentado cómo el auge del mercado de las nuevas sustancias psicoactivas ha borrado la línea divisoria entre los narcóticos de uso médico-recreativo y los agentes neurotóxicos de guerra. La investigación detalla que sustancias como las benzodiacepinas de diseño y los cannabinoides sintéticos presentan una potencia tan extrema que pequeñas dosis pueden inducir incapacitación rápida o colapso respiratorio, asemejándose en letalidad a agentes nerviosos tradicionales como el VX. Este fenómeno es impulsado por la capacidad de los laboratorios clandestinos para modificar estructuras químicas y evadir listas de control estáticas. El estudio advierte que la "guerra cognitiva" utiliza estos compuestos para alterar procesos mentales y la toma de decisiones del adversario, transformando el cerebro humano en el campo de batalla definitivo del siglo XXI, donde la neutralización no es física, sino neurológica.
La investigación fue liderada por el Dr. Javier Campanini Salinas, académico de Química y Farmacia, y el Mg. Luis Toledo-Ríos, director del Centro de Estudios en Seguridad y Crimen Organizado, ambos pertenecientes a la Universidad San Sebastián de Chile. El equipo incluyó expertos en derecho, farmacología y bioética, quienes colaboraron para analizar datos de organismos internacionales como la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas (OPCW) y la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC). Los autores resaltan la importancia de la cooperación multilateral frente a actores estatales y no estatales que aprovechan los avances tecnológicos para fines hostiles. Según destaca el Dr. Javier Campanini: " Este artículo es una invitación a reflexionar respecto a nuestro marco legislativo actual, y preguntarse si estamos preparados ante una eventual llegada de más y más sustancias diversas que no estén reguladas en nuestro país ".
El análisis tiene un alcance global, aunque se fundamenta en la vigilancia epidemiológica y criminalística realizada en Chile, donde el Instituto de Salud Pública detectó 177 nuevas sustancias psicoactivas entre 2009 y 2024. La investigación revisa incidentes críticos ocurridos en diversos puntos geográficos, como la crisis del teatro Dubrovka en Moscú, donde el uso de derivados del fentanilo causó la muerte de 123 rehenes, y el envenenamiento con Novichok en Salisbury, Reino Unido. Asimismo, se menciona la proliferación de estas sustancias en los mercados ilícitos de América del Norte y Europa, facilitada por plataformas digitales como la Dark Web. El estudio subraya que los laboratorios clandestinos en China y México son los principales proveedores de precursores, lo que demuestra que la amenaza de las NSP como armas químicas es un desafío transnacional que requiere una respuesta coordinada entre centros de investigación y gobiernos de todo el mundo.
Los hallazgos se publicaron formalmente el 1 de agosto de 2025 en la revista científica Toxics, tras un proceso de revisión iniciado en julio del mismo año. El estudio contextualiza la evolución de las armas químicas desde la Primera Guerra Mundial hasta el presente, destacando que el fenómeno de las NSP ha escalado drásticamente en la última década. Entre 2017 y 2021, las muertes por opioides sintéticos aumentaron un 66.1 % en Estados Unidos, evidenciando una crisis de salud pública que ahora se traslapa con preocupaciones de seguridad nacional. La urgencia del estudio responde a la capacidad actual de la inteligencia artificial para diseñar hasta 40,000 compuestos letales en menos de seis horas, una realidad tecnológica demostrada en 2020 que obliga a actualizar la Convención sobre Armas Químicas, la cual data de 1993 y cuya rigidez actual es superada por la velocidad del descubrimiento químico moderno.
Este descubrimiento es vital porque identifica una zona gris regulatoria que permite el desvío de sustancias médicas hacia aplicaciones hostiles sin una respuesta jurídica eficaz, comprometiendo la seguridad internacional. La investigación demuestra que el paradigma de seguridad basado en listas de sustancias prohibidas es obsoleto ante la sofisticación de los análogos sintéticos y la biotecnología. El Mg. Luis Toledo-Ríos revela que: "Nuestro aporte se enfoca en proponer una actualización normativa internacional, que articule estándares bioéticos, vigilancia científica y cooperación multilateral para cerrar las brechas legales". Al proponer un enfoque preventivo en lugar de reactivo, el estudio busca evitar el uso de neuro-armas que violen los derechos humanos bajo el pretexto de ser agentes no letales. Es crucial establecer códigos de conducta éticos en la investigación química para anticipar riesgos de doble uso y proteger a la población civil de envenenamientos masivos e incidentes de guerra no convencionales.
La identificación de estas sustancias como potenciales armas químicas no busca fomentar su uso malintencionado, sino concienciar sobre los peligros inherentes al progreso científico desregulado. Estas sustancias se perfilan como herramientas ideales para la denominada "guerra cognitiva", una estrategia que pretende manipular los procesos mentales, la percepción y la capacidad de toma de decisiones del adversario. Al emplear compuestos como el LSD o el fentanilo, se busca la incapacitación temporal o la neutralización neurológica sin necesariamente recurrir a la destrucción física masiva del oponente. No obstante, la evidencia histórica demuestra que el concepto de "arma no letal" es falaz, ya que dosis elevadas suelen derivar en colapsos respiratorios o muertes accidentales, como se observó en incidentes críticos previos. Por ello, este análisis sirve para fundamentar la implementación de medidas protectoras y estándares bioéticos más rigurosos en la investigación farmacológica contemporánea.
El hallazgo se fundamenta en un análisis de la evolución estructural de los agentes neurotóxicos, desde los organofosforados de la Segunda Guerra Mundial hasta las sofisticadas series Novichok y las NSP actuales. Los investigadores observaron que pequeñas modificaciones en los núcleos químicos, como la inclusión de fracciones de éster metílico en la posición 4 del anillo de piperidina del fentanilo, incrementan la potencia de forma exponencial. Este fenómeno de sofisticación química se ha visto acelerado por la inteligencia artificial, capaz de generar 40,000 compuestos letales en apenas seis horas utilizando modelos como MegaSyn®1. Asimismo, la facilidad de síntesis en laboratorios clandestinos y la distribución mediante la Dark Web han permitido que estas sustancias evadan los controles internacionales tradicionales. La investigación concluye que la maleabilidad química de las nuevas drogas de diseño supera la capacidad de actualización de las listas estáticas de prohibición vigentes.
La comunidad académica y organismos internacionales como la OPCW expresan una creciente preocupación por el desvío de opioides sintéticos y benzodiacepinas hacia fines hostiles. El Dr. Javier Campanini enfatiza la vulnerabilidad de los tratados actuales frente a la avalancha de compuestos no regulados que ingresan al mercado global. Por su parte, Luis Toledo subraya la necesidad de una cooperación multilateral que integre la vigilancia científica con estándares bioéticos robustos y destaca que: "Identificamos una peligrosa zona gris regulatoria, que permite que compuestos de uso médico puedan ser desviados hacia fines hostiles sin una respuesta jurídica eficaz". Expertos de la Asociación Médica Británica añaden que es prácticamente imposible administrar estos agentes en escenarios tácticos sin generar riesgos letales para la población.
El futuro de la seguridad química global depende de la transición desde un modelo de fiscalización reactivo hacia uno preventivo y dinámico. Los investigadores proponen adoptar legislaciones genéricas que regulen familias enteras de estructuras químicas en lugar de compuestos individuales, evitando así que modificaciones menores permitan la evasión legal. Es imperativo actualizar la Convención sobre Armas Químicas para incluir explícitamente a las NSP con alto potencial neurotóxico bajo mecanismos de control más flexibles y prospectivos. Además, se recomienda fortalecer los sistemas de toxicovigilancia y los laboratorios forenses para identificar rápidamente análogos emergentes mediante el intercambio internacional de datos espectrales. Finalmente, la integración de la inteligencia artificial como herramienta de detección, y no solo de síntesis, será crucial para anticipar riesgos de doble uso y proteger la integridad del dominio cognitivo humano frente a futuras amenazas no convencionales.
En conclusión, la frontera entre el fármaco terapéutico, la droga de abuso y el agente de guerra se ha difuminado debido al dinamismo de la química sintética contemporánea. La convergencia entre las NSP y las armas químicas convencionales exige un cambio de paradigma en la defensa y la salud pública, priorizando la bioética en la investigación científica. Este estudio chileno no solo advierte sobre una amenaza latente, sino que ofrece una hoja de ruta para cerrar las brechas legales que actores estatales y no estatales podrían explotar. La protección de la sociedad civil ante incidentes de envenenamiento masivo o guerra neurocognitiva requiere una acción coordinada que trascienda los laboratorios y alcance los foros diplomáticos internacionales. Solo mediante la vigilancia tecnológica continua y la cooperación multilateral se podrá mitigar el riesgo de que las nuevas sustancias psicoactivas se conviertan en el arsenal químico de la próxima generación.
Equipo de Investigadores
Loreto N. Valenzuela-Tapia
- Escuela de Química y Farmacia, Facultad de Ciencias, Universidad San Sebastián
Cristóbal A. Quintul
- Escuela de Química y Farmacia, Facultad de Ciencias, Universidad San Sebastián
Nataly D. Rubio-Concha
- Escuela de Química y Farmacia, Facultad de Ciencias, Universidad San Sebastián
Luis Toledo-Ríos
- Centro de Estudios en Seguridad y Crimen Organizado (CESCRO), Universidad San Sebastián
- Escuela de Derecho, Facultad de Derecho y Ciencias Sociales, Universidad San Sebastián
Catalina Salas-Kuscevic
- Centro de Estudios en Seguridad y Crimen Organizado (CESCRO), Universidad San Sebastián
- Escuela de Derecho, Facultad de Derecho y Ciencias Sociales, Universidad San Sebastián
Andrea V. Leisewitz
- Vicerrectoría de Investigación y Doctorados, Universidad San Sebastián
Pamela Cámpora-Oñate
- Escuela de Química y Farmacia, Facultad de Ciencias, Universidad San Sebastián
Javier Campanini-Salinas
- Escuela de Química y Farmacia, Facultad de Ciencias, Universidad San Sebastián
Notas a pie de página
- [1] MegaSyn es un marco computacional de diseño de moléculas usado principalmente en descubrimiento de fármacos, que combina modelos generativos, aprendizaje automático y optimización multiobjetivo.↩ Volver ↑↑
