
Dra. Rocío Beatriz Urrutia-Jalabert <===> Fotografía: UACH
Redes fúngicas del Alerce milenario
El rol de los árboles antiguos como especies paraguas para la biodiversidad del suelo y el ciclo del carbono
Hallazgo científico: el Alerce milenario protege una biodiversidad fúngica única en sus suelos, clave para el carbono y la resiliencia forestal en Chile. Un estudio internacional reveló que los alerces milenarios de Chile albergan una extraordinaria diversidad de hongos subterráneos, fundamentales para la salud del ecosistema y el almacenamiento de carbono. La investigación utilizó técnicas avanzadas de metabarcoding de suelo para caracterizar las comunidades fúngicas y micorrízicas asociadas a estos gigantes forestales en el Parque Nacional Alerce Costero. Los resultados demuestran que árboles de gran diámetro, como el emblemático Alerce Abuelo, actúan como especies paraguas que mantienen la resiliencia de los bosques templados lluviosos. Este descubrimiento subraya la importancia crítica de proteger los árboles antiguos para conservar la biodiversidad oculta que sustenta la productividad y estabilidad del bosque frente al cambio climático.
Un equipo de científicos internacionales descubrió que los ejemplares de gran diámetro de Fitzroya cupressoides contribuyen desproporcionadamente a la riqueza de las comunidades fúngicas del suelo. El estudio se centró en el Alerce Abuelo, un espécimen de más de 2400 años, encontrando que alberga 2,25 veces más diversidad fúngica que individuos más jóvenes. Estos resultados demuestran que las coníferas milenarias actúan como especies paraguas, protegiendo redes subterráneas complejas que suelen ser ignoradas en los planes de restauración tradicionales. Los investigadores identificaron cientos de especies de hongos, muchas de las cuales son potencialmente nuevas para la ciencia y únicas de estos gigantes monumentales. Este hallazgo resalta la importancia de los legados biológicos proporcionados por los bosques primarios, que mantienen niveles de biodiversidad necesarios para la estabilidad ecosistémica. Preservar estos árboles masivos es esencial para mantener las funciones ecológicas del suelo, como el ciclo de nutrientes y el secuestro de carbono atmosférico.
El estudio fue un esfuerzo colaborativo liderado por investigadores de la Sociedad para la Protección de las Redes Subterráneas (SPUN), involucrando a varias instituciones académicas. Entre los principales contribuyentes se encuentran el Real Jardín Botánico de Victoria, la Universidad de Melbourne y universidades chilenas como la Universidad Santo Tomás y la Universidad Austral de Chile. El trabajo de campo contó con el apoyo de la Fundación Fungi y expertos en ecología micorrízica, incluyendo a la bióloga evolutiva Dra. Toby Kiers. Este equipo multidisciplinario combinó conocimientos en genómica, ecología forestal y biología fúngica para caracterizar las intrincadas relaciones entre los árboles y sus simbiontes subterráneos. La participación de organizaciones como SPUN enfatiza un compromiso global para mapear y proteger las redes micorrízicas de la Tierra, vitales para la salud planetaria. Al integrar conocimientos locales con tecnología de metabarcoding, los científicos proporcionaron una visión integral de la biodiversidad que reside en la rizosfera de estas coníferas amenazadas.
La investigación se llevó a cabo dentro del Parque Nacional Alerce Costero, ubicado en la región de Los Ríos, en la Cordillera de la Costa de Chile. Esta área es reconocida como un refugio crítico para la biodiversidad y el endemismo, albergando algunos de los ecosistemas de bosque templado más prístinos. El parque protege los últimos rodales restantes de Fitzroya cupressoides, especie cuya distribución se ha reducido a la mitad debido a la tala y despeje histórico. Dentro de esta geografía, los científicos seleccionaron una parcela de dos hectáreas para estudiar treinta y un árboles, desde retoños hasta gigantes milenarios monumentales. Las condiciones edáficas únicas de la Cordillera de la Costa, caracterizadas por suelos ácidos y pobres en nutrientes, ofrecieron un laboratorio natural ideal para estudiar adaptaciones. Estos factores ambientales específicos, incluyendo la meteorización pesada y la baja disponibilidad de fósforo, moldean significativamente la composición de las comunidades de hongos que los sustentan.
La expedición de campo que generó los datos centrales para este hallazgo se realizó a principios del año 2022, específicamente durante el mes de abril. Tras años de análisis de laboratorio y procesamiento bioinformático complejo, los resultados finales se publicaron en la revista científica internacional Biodiversity and Conservation en marzo de 2026. Este cronograma refleja la naturaleza rigurosa de la investigación académica moderna, que requiere una validación exhaustiva de secuencias genéticas frente a diversas bases de datos globales. La publicación marca un hito en nuestra comprensión de las coníferas del hemisferio sur, proporcionando datos que influirán en las políticas de conservación de la década. Es relevante notar que el estudio también destaca datos históricos, mencionando que el alerce más antiguo registrado vivió 3622 años antes de ser talado. Al conectar la historia ambiental pasada con la investigación biológica actual, el estudio contextualiza la necesidad urgente de proteger a los pocos individuos milenarios restantes.
Los hallazgos son profundamente importantes porque revelan que las redes fúngicas subterráneas son tan vulnerables y vitales como los árboles antiguos que las sostienen. Los alerces milenarios actúan como reservorios biológicos, albergando cientos de especies de hongos únicas que podrían no existir en ningún otro lugar de la matriz forestal. Estos hongos desempeñan roles críticos en la salud del ecosistema al facilitar el transporte de agua y nutrientes mientras ayudan a los árboles a resistir sequías. Además, el estudio cuantifica la contribución significativa de estos ecosistemas al ciclo global del carbono, señalando que las redes micorrízicas transportan mil millones de toneladas anualmente. Al proteger árboles de gran diámetro, los conservacionistas preservan simultáneamente comunidades de microorganismos que han tardado miles de años en ensamblarse y estabilizarse de forma efectiva. La pérdida de un solo árbol antiguo podría desencadenar un declive en cascada de la diversidad del suelo, perjudicando la recuperación del bosque ante perturbaciones.
Esta evidencia científica sirve para informar planes de manejo forestal más integrales que incluyan los componentes microbianos de la biodiversidad del ecosistema, a menudo ignorados anteriormente. Al identificar los árboles grandes como paraguas para los hongos del suelo, la investigación ofrece una métrica clara para priorizar áreas que requieren protección estricta. Estos conocimientos son esenciales para las metas 30x30 del Marco Global de Biodiversidad de Kunming-Montreal, que busca proteger el treinta por ciento del planeta. Adicionalmente, la evaluación de la base de datos EUKARYOME proporciona una hoja de ruta metodológica para mejorar la precisión de las asignaciones taxonómicas en futuros estudios. Comprender estas relaciones subterráneas permite mejores esfuerzos de restauración, utilizando potencialmente inóculos fúngicos nativos para mejorar el crecimiento y supervivencia de las plántulas de coníferas. El objetivo final es asegurar que las futuras generaciones de alerces cuenten con los mismos sistemas de soporte robustos que permitieron prosperar a sus ancestros.
La investigación se realizó mediante técnicas de metabarcoding de suelo, extrayendo ADN de sesenta y dos muestras recolectadas bajo treinta y un árboles de diversos tamaños. Los científicos analizaron las regiones ITS2 y SSU del genoma fúngico para identificar la comunidad total y los gremios de micorrizas arbusculares presentes bajo el bosque. Midieron el diámetro, altura y biomasa de cada árbol para correlacionar estos atributos físicos con la riqueza y composición de las especies fúngicas encontradas. Los análisis revelaron que el diámetro y la biomasa eran los mejores predictores de la riqueza fúngica, mostrando un incremento claro a medida que los árboles maduraban. Además, el estudio comparó bases de datos de referencia, concluyendo que EUKARYOME detectó significativamente más taxones micorrízicos que las herramientas tradicionales como MaarjAM o UNITE. Este enfoque riguroso permitió contabilizar variables ambientales como el pH del suelo y la disponibilidad de fósforo, que también influyen en la estructura comunitaria.
Las opiniones expertas de las autoras principales enfatizan la naturaleza crítica de estos hallazgos para el futuro de la conservación de los bosques templados lluviosos. La Dra. Camille Truong nos indica que: "No todos los árboles son iguales y si se elimina un árbol milenario, el impacto en todas las demás especies será mayor que si se elimina uno más pequeño." Esta afirmación resalta que la huella ecológica de un árbol antiguo se extiende mucho más allá de su copa física hacia el complejo suelo. Otra contribuyente clave, la Dra. Adriana Corrales enfatiza que: "Toda esa diversidad significa resiliencia." Este resumen conciso refleja la conclusión principal del estudio: las redes fúngicas diversas son el principal mecanismo de defensa contra la inestabilidad ambiental. Estas expertas argumentan que la preservación selectiva de individuos de gran diámetro no es solo estética, sino una necesidad funcional para la supervivencia del ecosistema. Su trabajo hace un llamado a un cambio inmediato en cómo valoramos los bosques antiguos, reconociéndolos como reservorios irreemplazables de vida aérea y subterránea.
Tras la publicación de estos resultados, la comunidad científica solicita la priorización inmediata de la Cordillera de la Costa chilena dentro de los marcos de conservación. Existe una necesidad urgente de expandir las áreas protegidas, ya que actualmente solo el cuarenta por ciento de la distribución de los alerces está conservada. Proyectos de investigación futuros se centrarán probablemente en rastrear las trayectorias de estas comunidades fúngicas mediante enriquecimiento experimental de nutrientes para probar su adaptabilidad. Los científicos también planean explorar cómo los inóculos fúngicos nativos pueden usarse en proyectos de reforestación a gran escala para asegurar la supervivencia de plántulas. Además, el desarrollo de la base de datos EUKARYOME continuará, proporcionando herramientas más precisas para identificar la diversidad fúngica oscura que permanece oculta en los suelos. Grupos de defensa están utilizando estos hallazgos para oponerse a proyectos de infraestructura, como carreteras, que amenazan la integridad de estos ecosistemas frágiles.
En resumen, el estudio confirma que los alerces milenarios son mucho más que árboles antiguos; son los anclajes de un ecosistema extraordinariamente diverso y complejo. El descubrimiento de que los individuos de gran diámetro albergan una riqueza fúngica significativamente mayor sustenta científicamente el concepto de especies paraguas subterráneas. Al mantener estas redes, los árboles antiguos aseguran la salud del bosque entero, desde las plantas del sotobosque hasta los gigantes de la canopea. Esta investigación subraya la necesidad de integrar la ecología microbiana en las estrategias de conservación para preparar mejor a los ecosistemas ante el calentamiento global. Como los segundos árboles más longevos de la Tierra, los alerces ofrecen una ventana al pasado y un plano vital para la resiliencia futura. Protegerlos no es solo un acto de preservación, sino una inversión en los sistemas planetarios que regulan el carbono, los nutrientes y la vida.
Equipo Investigadores
Camille Truong
- School of BioSciences, University of Melbourne
- Royal Botanic Gardens Victoria
- ociety for the Protection of Underground Networks (SPUN)
Adriana Corrales
- Society for the Protection of Underground Networks (SPUN)
Bethan Manley
- Society for the Protection of Underground Networks (SPUN)
Michael E. Van Nuland
- Society for the Protection of Underground Networks (SPUN)
Justin D. Stewart
- Society for the Protection of Underground Networks (SPUN)
- Section Ecology & Evolution, Amsterdam Institute for Life and Environment (A-LIFE), Vrije Universiteit Amsterdam
Rocío Urrutia-Jalabert
- Departamento de Ciencias Forestales, Facultad de Ciencias Agropecuarias y Medioambiente, Universidad de la Frontera
- Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia CR2, Millenium Nucleus of Patagonian Limit of Life (LiLi)
- Instituto de Conservación, Biodiversidad y Territorio, Facultad de Ciencias Forestales y Recursos Naturales, Universidad Austral de Chile
Roberto Godoy
- Instituto Ciencias Ambientales y Evolutivas, Facultad de Ciencias, Universidad Austral de Chile,}
Merlin Sheldrake
- Society for the Protection of Underground Networks (SPUN)
- Section Ecology & Evolution, Amsterdam Institute for Life and Environment (A-LIFE), Vrije Universiteit Amsterdam
Giuliana Furci
- Fundación Científica Fungi, Santiago, Chile
- ungi Foundation, New York City, NY, USA
E. Toby Kiers
- Society for the Protection of Underground Networks (SPUN)
- Section Ecology & Evolution, Amsterdam Institute for Life and Environment (A-LIFE), Vrije Universiteit Amsterdam
César Marín
- Section Ecology & Evolution, Amsterdam Institute for Life and Environment (A-LIFE), Vrije Universiteit Amsterdam
- Centro de Investigación e Innovación para el Cambio Climático (CiiCC), Universidad Santo Tomás
